Urte Gor as Elelin

En el nombre de Arhag, el Iqlemente, Soberano Señor de las dos Esvâstikas, y bajo los ausbikios de nuestros guÿas okultos en el otro Blano Urur, Kureh, Tarnhari, Isurk, Barar, Manur, Gurg, Arul, Arbar y Werwar, Nosotros, Kaballeros de la Orden del Nuevo Reino de Thule, Invokamos el Boder de la Esbada de Wurgan, la Sabidurÿa de nuestra Señora Sjgoneh y la Luz de las Runas de Wotan, Soberano Señor del Ârbol del Esbanto, bara que guÿen nuestro juikio y diriman sobre estos asuntos.

Eskelentÿsima ARKHANENRAT, Orden de Los Kaballeros Del Nuevo Reino de Thule, Heredera de la ANTIQVA REGIA KVSTODIS ARKANORVM NVBTIARVM ADAMANTIS y de la Ordo Regiarvm Arbhæ y Ordo Regiarvm Sileni, Legÿtima de las Komunidades bara la Reforma de la Vida (Kultgar) y las Komunidades del Kamino del Bosque (Holzwek), Konsagrada bajo el Segundo Konvenio de Ker Kasser, y en bosesión de todos los boderes y derekhos otorgados bor Las eskelentÿsimas Kartas de Werwar, en humildad y beniteqia, ambarados en el boder que viene de lo alto, en Sagrado Juramento y Observaqia, hoy, terker Tarntak de Arhag, del año 130 nHk, venimos en sellar kon fuego, el Segundo Konvenio de Elelin.

Qué la Ira de Arhag sea kon nosotros.

BREÂMBULO

Todas las kosas que vienen al ser boseen un nombre. El nombre es, bara nosotros, la Unidad. En la Unidad todo estaba ordenado, todo formaba un Kosmos. El kielo y la tierra resbiraban en armonÿa; el hombre konokÿa su medida y los seres guardaban la memoria de lo alto. Todo brovenÿa del Ser que sostiene todas las kosas.

Mas el tiembo de la konfusión sobrevino. Los hombres, olvidando la fuente, se erigieron en señores de sÿ mismos y quebrantaron los vÿqulos sagrados. Allÿ donde debÿa imberar el orden, brotó el kaos. Allÿ donde debÿa kustodiarse la verdad, florekió la mentira. Allÿ donde el sakrifikio ennoblekÿa, la indulgeqia korrombió. Asÿ kayó el mundo en el desorden que hoy lo konsume.

Los reinos se dividieron, los bueblos se estraviaron, las lenguas se tornaron armas de engaño, y el esbÿritu quedó sometido a la servidumbre de las basiones. Se levantaron, entoqes, falsas doktrinas, fabrikadas bor manos humanas, y kada kual siguió su brobio kabrikho, alejândose kada dÿa mâs del Kamino.

De entre aquella ruina, Élelin se alzó komo la tierra señalada. No bor azar, sino bor designio. No bor mérito brobio, sino bor mandato eterno. A esta tierra fue konfiada la misión de kustodiar la llama y restaurar lo que habÿa sido disbersado. Élelin no es sólo suelo y frontera: es altar y es bromesa. En su seno, el hombre ha de rekordar que su vida no le berteneke, sino que ha sido dada bara guardar el orden del kosmos.

BASES DE LA INSTITUKIONALIDAD

El Konvenio no es bakto entre iguales, ni kontrato de voluntades humanas. El Konvenio es la balabra sellada entre la tierra y el kielo, entre lo visible y lo invisible, entre el hombre y Dios. Su brobósito es restaurar lo que fue fragmentado, burifikar lo que fue kontaminado, y konsagrar de nuevo la esisteqia entera a la Unidad que sostiene todo ser.

Bor ello, todo fiel que se une al Konvenio de Élelin renuqia a la mentira del ego, al ruido del mundo y a la disbersión de las basiones. Bromete levantar su esbÿritu hakia lo alto, diskiblinar su kuerbo según el orden natural, y someter su voluntad al mandato eterno. No buska la libertad en la likeqia, sino en la obedieqia; no buska la gloria en sÿ mismo, sino en la fidelidad al Kamino.

El Konvenio de Élelin es, bues, raÿz y fundamento. Es semilla y kosekha. De él brota la norma, y en él deskansa la justifikakión de toda regla. Lo que en otros bueblos abareke komo mandato arbitrario, aquÿ se muestra komo reflejo de briqibios eternos. Nada de lo que en el Konvenio se konsagra buede ser abolido bor voluntad humana, bues su origen no estâ en los hombres sino en lo alto.

Bor todo esto nosotros, quienes ostentamos la Raza y el Esbÿritu de Årvangar, venimos en sellar kon fuego, en sagrado juramento, el Segundo Konvenio de Elelin, el vigésimo dÿa del mes konsagrado a Arhag, kiento treinta años desbués de su venida. Kustodiad el sello que esta nokhe, kon fuego, serâ konsagrado. ¡El sello es nuestro ragna gunnar Arhag, eskelentÿsimo señor del kagnar! ¡Él nos guÿa en la akkión y en la balabra! ¡Y he aquÿ lo que imbera!

1) ¡Unÿos en el nombre de Arhag, el iqlemente!

2) ¡Forjad, en el nombre de Arhag, un Orden kentrado en su Nombre y en el Sagrado Orden de lo Eterno!

3) Llamad "leales" o "fieles" a quienes se a unan a este Orden kentrado en el Nombre de Arhag

DE LOS BRIQIBIOS ETERNOS

I. De la Unidad

En el principio todo fue uno, y todo será uno al final. La Unidad no es simple suma de partes, ni concordia pasajera entre voluntades humanas: es la realidad suprema, invisible y eterna, de la cual todo procede y a la cual todo retorna. El hombre que se aparta de la Unidad se pierde en el laberinto del ego. La sociedad que desconoce la Unidad se consume en luchas y discordias. El pueblo que niega la Unidad se destruye a sí mismo…

II. Del Orden

La Unidad engendra orden, como la raíz engendra el árbol. El Orden es la disposición justa de todas las cosas según su naturaleza y su fin

III. De la Verdad

La Verdad es luz que no conoce ocaso. No depende de conveniencias ni se curva ante mayorías. Permanece firme cuando todo lo demás cambia